Sería bueno decirte algo corto, importante, magistral; en el momento indicado. Ojalá una sola palabra que lo diga todo. Si es preciso que sea un monosílabo, y su gesto una mioclonía. Que tenga la extensión de un beso tímido entre dos niños que apenas se conocen.
Decirte algo microscópico, celular, subatómico, que sea capaz de desencadenar un apocalipsis, un cambio climático, un movimiento de tierra que haga su réplica después de bañarse en el viento de la madrugada. Una palabra que te haga cambiar de parecer.
Reconozco que busco esa palabra o ese gesto, aquella mirada que el azar me entregue para que te sientas conquistada como un continente. Aquello que te haga comprender quien eres para siempre.
Quién más podrá tener esa fórmula de letras, esa receta semiótica, sintáctica o numérica que después de pronunciada nos permita ponernos en órbita y respirar, sin hacerlo, la nada estelar que guarda todos los silencios y todas las palabras.
Cada parte del cuerpo se empaca a su tiempo para preparar la partida. Hoy, por ejemplo, estoy guardando mi corazón en una caja que dice de este lado arriba, aunque mi corazón queda de este lado abajo. Poco a poco me vuelve el silencio al cuerpo e instala su mesa de estudio donde no pueda ser escuchado.
DAAP

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