domingo, 2 de mayo de 2010

LUNAR

Hoy vuelvo transformado a caminar sobre tus aguas o hacer el intento.
A encallar, a anclarme en tu presencia, a ahogarme en el verde de tus ojos, en ese iris que roza el infinito en cada parpadeo.
Y me pregunto por la intención de dios al ponerte ese lunar ahí. Será que fue el lugar que eligió para esconder su galaxia favorita.
Fue ahí, a medio beso de tu boca, donde dejó olvidado el paraíso, para que yo lo encontrara.
O por alguna extraña razón que ninguno de los dos conoce ni entiende, ese lunar era para mi frente o mi espalda, para mi ojo izquierdo o para la comisura de mi boca, y dios te lo entregó para divertirse mientras yo lo buscaba. Igual es demasiado pequeño.
En cambio tu boca cabe perfecta en mi beso, en mi horario, en mi tiempo libre y mi destino. Es exacta para esta luna, para este cuarto oscuro en el que cuento el tiempo que debo esperar para verte.
Pero también tu mirada y la mía tienen la medida exacta, el peso justo, la misma llama ardiendo, el mismo fractal de reflejo. Y mientras tus ojos, menos añejos, suenan igual a como suenan mis sueños, mis ojos se fermentan, maduran cantándole a los tuyos, usando el lenguaje de la electrostática hasta que quedan convertidos en vino.
Cómo será acercarse a ti, caminar a tu encuentro.
Qué velocidad vestirá mi corazón para la ocasión. Cómo será malgastar el tiempo pensándote; derrochar futuros alternativos y encuentros imaginarios.
Si tu lunar o tu corazón son realmente míos, te los cambio por este beso de manzana, por este terremoto en mi piel, por la lava que me baja por el estómago de solo verte.

DAAP

ENCUENTRO

Y si me desnudo hasta que sólo se me vea la noche que soy, y la oscuridad que reflejo.

Si duermo con más ganas, no como quien duerme para descansar, sino para crear.

Dormir como lo haría un dios, pero soñar como lo haría un hombre, para no encontrarme frente a mí mismo, para evitar que me encuentre con mi alter ego soñado por un dios, si es que en sus sueños estoy incluido.

O será que se trata precisamente de eso. De aceptar que soy un soñado, maquinado una y mil veces en una triada perfecta de cosmos, laberinto e infinito.

Una nada dibujada. Un todo perdido. Una copia irreproducible de la realidad que me tocó.

Será que debo lanzarme al precipicio de los sueños, y dejarme soñar despacio mientras sueño a toda velocidad.

Será que se trata de pararme frente a mi alter ego soñado, y arriesgarme a confundirnos para siempre, a que me crea él y él se creo yo aunque seamos el mismo.

¿Qué me preguntaría? ¿De qué hablaría conmigo? ¿De qué servirían el truco o el engaño? Aunque me conozco tan poco que tal vez no me reconocería.