Y si me desnudo hasta que sólo se me vea la noche que soy, y la oscuridad que reflejo.
Si duermo con más ganas, no como quien duerme para descansar, sino para crear.
Dormir como lo haría un dios, pero soñar como lo haría un hombre, para no encontrarme frente a mí mismo, para evitar que me encuentre con mi alter ego soñado por un dios, si es que en sus sueños estoy incluido.
O será que se trata precisamente de eso. De aceptar que soy un soñado, maquinado una y mil veces en una triada perfecta de cosmos, laberinto e infinito.
Una nada dibujada. Un todo perdido. Una copia irreproducible de la realidad que me tocó.
Será que debo lanzarme al precipicio de los sueños, y dejarme soñar despacio mientras sueño a toda velocidad.
Será que se trata de pararme frente a mi alter ego soñado, y arriesgarme a confundirnos para siempre, a que me crea él y él se creo yo aunque seamos el mismo.
¿Qué me preguntaría? ¿De qué hablaría conmigo? ¿De qué servirían el truco o el engaño? Aunque me conozco tan poco que tal vez no me reconocería.

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