jueves, 15 de abril de 2010

DESVELO


Frente al espejo, el insomnio ha tatuado su oscuridad debajo de mis ojos. Todavía me siento entre dormido y despierto, como si fuera una estrella moribunda.
Esa mancha de aceite dejada por la maquinaria onírica que falla y ese búmeran que no va a ninguna parte, narran la historia de aquellos que oyen el primer motor y el primer canto, a una hora en la que todo suena a conspiración.
Pastillas para dormir. Leche tibia. Televisión por cable. Valeriana en gotas y en lágrimas. Respiración zen. Clínica del sueño. Hipnosis. Magia. Regresión. Todo para terminar contando ovejas, que cuando son cientas, parten el frágil bosquejo de mi sueño con sus sueños.
Vuelvo a quedar a oscuras, y mientras la noche me hace su tatuaje, comienzan a sonar los motores y los pájaros.

DAAP

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