Lo que cae es tan delgado que no sé si llamarlo lluvia. La lluvia no es tan liviana, tan insubstancial, tan metafórica. Lo que cae ahora es tan poco, o digamos, es nada de tal suerte que un descuido y al día siguiente no recuerdas que llovió.
El amanecer llega con el mundo seco y aumentan las dudas de la existencia de esta mal llamada lluvia, y la humedad termina convertida en sueño, y lo que amanece mojado es el hipotálamo o el homúnculo representado en mi corteza de árbol cerebral.
Un descuido y te resbalas bajando al hipocampo, y se te sale una lágrima, o se corta el aliento y se suicida, o el suspiro regresa y te ahoga, te aprieta el cuello hasta que olvidas que llovió.
El amanecer llega con el mundo seco y aumentan las dudas de la existencia de esta mal llamada lluvia, y la humedad termina convertida en sueño, y lo que amanece mojado es el hipotálamo o el homúnculo representado en mi corteza de árbol cerebral.
Un descuido y te resbalas bajando al hipocampo, y se te sale una lágrima, o se corta el aliento y se suicida, o el suspiro regresa y te ahoga, te aprieta el cuello hasta que olvidas que llovió.
DAAP

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